Hay tardes que uno sueña vivir toda la vida y que, cuando llegan, dejan una huella imposible de borrar. Ayer viví una de ellas. No fue como hubiera querido, ni pude terminar lo que había empezado, pero me entregué hasta el último momento. Y hoy, con el dolor de la cornada y la tristeza de no haber podido culminar aquella tarde, siento también el orgullo de haberlo dado todo en la plaza de Las Ventas.
Ayer perdí una batalla, pero gané algo que no se puede explicar con palabras. Porque esta cornada, por dura que sea, es también el precio que a veces hay que pagar por perseguir aquello en lo que uno cree. Y lejos de quitarme ilusión, me reafirma en el camino que he elegido.
Cuando cierro los ojos, sigo escuchando la ovación de tantas personas. Pienso en mi pueblo, Navas del Rey, en toda esa movilización y en cada persona que hizo suya mi ilusión. Sentir que aquel sueño que empezó siendo mío hoy pertenece a tanta gente es algo que jamás podré agradecer lo suficiente.
Lo vivido ayer ha sido una experiencia inolvidable. Incluso con la cornada. Porque me ha hecho comprender que voy por el buen camino, que soy feliz en él y que, por encima de todo, me siento torero. Y sentirse torero es una suerte. Porque sentir es una suerte.
Quizá lo único que de verdad me hizo dudar fue despertarme en el hospital y ver las caras de preocupación de mis padres y de las personas que más quiero. Saber que ellos también sufren es lo más difícil. Pero quiero que entiendan que para mí merece la pena, que he encontrado un camino en el que soy feliz y una forma de transmitir lo que llevo dentro. Sé que a veces genera miedo y desconcierto, pero también sé que, en el fondo, ellos lo entienden.
Anoche, al recordar todo lo vivido, se me saltaban las lágrimas. De tristeza por no haber podido terminar, pero también de emoción y de orgullo por todo lo que había sentido. Porque ayer, incluso en el dolor, viví algo que me acompañará siempre.
Gracias a Madrid, a mi pueblo, a mi familia y a todas las personas que estuvieron conmigo e hicieron de esta ilusión algo tan grande.
Hoy tengo una herida, pero también la certeza de que quiero seguir recorriendo este camino.
Porque la gloria es para los que se atreven. Y yo me voy a atrever una y otra vez.
Álvaro Serrano

