Valencia colgó el cartel de No hay billetes y obligó a saludar a la terna antes de que rompiera el paseíllo en una tarde de Victoriano del Río bien presentada, aunque desigual de hechuras y juego. El gran nombre del encierro fue el tercero, Casero —nº 59, negro burraco, 576 kilos, 09/21—, premiado con la vuelta al ruedo por su extraordinario pitón derecho; de buena condición también el sexto. El festejo, con temple de gran cita, terminó señalando con fuerza el nombre de Samuel Navalón.
Alejandro Talavante inauguró cartel con un toro basto, alto y largo, que evidenció mansedumbre: al sentir hierro manseó en el caballo, volvió a por el de puerta y apretó hacia las tablas en banderillas. El extremeño le planteó la faena en los terrenos que el toro quería, pulseando al natural dos series templadas, lo mejor de un trasteo a menos con el animal renunciando a emplearse; mal con los aceros, dejó una estocada baja al tercer intento. Con el cuarto, ya con la lluvia presente y el toro suelto en los dos primeros tercios, Talavante salió animoso: farol de pie y verónicas templadas antes de un trasteo académico en el que puso más de lo que el toro daba —noble, sí, pero sin entrega ni humillar—. Brindó al público, ordenó embestidas descompuestas y rubricó con estocada desprendida al segundo viaje; sonaron los avisos y todo quedó en silencio tras aviso.
Roca Rey encontró en su primero el marco para una faena macerada más que explosiva: apertura por alto a pies juntos, series de gobierno sobre la diestra marcando toques limpios y la altura justa para que el toro, con movilidad pero sin entrega total, fuese a más. El cambio de mano casi circular metió de verdad a la gente, y en las cercanías —su terreno— llegaron los circulares invertidos y unas bernadinas que hicieron rugir a la plaza; dos pinchazos y estocada desprendida, con dos avisos, enfriaron el triunfo que ya parecía amarrado: ovación con saludos. Con el segundo de su lote, amplio de pecho y algo escaso de cuello, todo fue de más mérito que lucimiento: noble, sí, pero apagado y sin transmisión; faena larga, bien pensada para el remate final, sin eco por la condición deslucida del toro. Estocada suelta y silencio.
La tarde tuvo acento de Navalón. Al tercero, Casero, se fue a los medios con determinación “made in Perú”: cambiados por la espalda de salida, y en la primera tanda a derechas ya lo tenía en la mano. Embistió con un pitón derecho de lujo, volcando la cara y dando profundidad al muletazo; por el izquierdo venía más por dentro y con menos celo. El toreo en redondo de Navalón fue rotundo y templado, y cuando el toro se rajó llegaron dos circulares invertidos impecables y un desplante sin muleta como firma de una reaparición ambiciosa. Pinchazo que dolió, estocada contraria al segundo intento, oreja de ley y vuelta al ruedo para el toro. Al sexto —muy serio y musculado, recibido a portagayola y rematado con otra larga de rodillas— lo atacó con el corazón caliente y el pulso frío: buen primer puyazo de Daniel López, segundo dosificado; excelente tercio de banderillas de Curro Javier, que saludó tras dos pares soberbios; sonó la Diana Floreada y el valenciano arrancó un inicio de rodillas apoteósico. Encontró el ritmo dulce del toro para torear despacio, ligar y mandar. Hubo luquesinas y bernadinas en un final a toda artillería, incluso con la anécdota de la ayuda volando al callejón sin que se descompusiera el temple. Pinchazo, estocada a la segunda y oreja con fuerte petición de la segunda que le abrió de par en par la Puerta Grande.
Ficha del festejo:
Plaza de toros de Valencia (España). Sábado, 14 de marzo de 2026. Corrida de toros. Toros de Victoriano del Río, el tercero fue premiado con la vuelta al ruedo.
– Alejandro Talavante, silencio y silencio tras aviso
– Roca Rey, ovación con saludos tras dos avisos y silencio
– Samuel Navalón, oreja y oreja

