La plaza de toros de La Merced vivió este domingo una de esas tardes que quedan grabadas en la memoria de la afición. El rejoneo fue el gran protagonista de una función marcada por el alto nivel artístico, la emoción y la entrega de los actuantes, que encontraron en los toros de Fermín Bohórquez un serio examen. Un encierro de magnífica presentación, variado en su comportamiento y de notable exigencia, que obligó a los rejoneadores a ofrecer su mejor versión.
El balance final dejó una imagen imborrable: Diego Ventura, Guillermo Hermoso de Mendoza y el portugués Duarte Fernandes cruzaron la Puerta Grande tras cortar dos orejas cada uno, culminando una tarde de rotundos triunfos. También dejaron huella Andrés Romero, premiado con una oreja tras una fuerte petición de la segunda, y Sebastián Fernández, que recibió una cálida ovación después de una actuación de enorme mérito, deslucida únicamente por el fallo con los aceros.
Abrió plaza Andy Cartagena frente al primero de la tarde, un ejemplar al que entendió desde los primeros compases. El alicantino volvió a demostrar ese concepto vibrante que le caracteriza, dominando los terrenos con autoridad y manteniendo una constante conexión con los tendidos. Una actuación sólida y de gran entrega que encontró recompensa con el corte de una oreja.
El segundo turno correspondió a Diego Ventura, quien volvió a dejar patente por qué ocupa un lugar privilegiado en la historia del rejoneo. Se enfrentó a un toro que ya desde los primeros momentos evidenció dificultades, con marcada querencia y escasas facilidades. Lejos de resentirse la faena, Ventura construyó una obra de enorme pureza, temple y precisión, imponiendo su maestría sobre las complicaciones del astado. Cada embroque, cada reunión y cada cite reflejaron su extraordinario dominio de la lidia, rubricando una actuación de gran peso artístico que fue premiada con dos incontestables orejas.
Andrés Romero compareció ante el tercero, un toro con ritmo, fijeza y codicia que permitió al onubense expresarse con naturalidad. Muy identificado con su plaza y con su gente, el rejoneador ofreció una labor personal, sincera y llena de sentimiento, conectando de inmediato con los tendidos gracias a una actuación de notable intensidad. Paseó una oreja mientras el público solicitaba con fuerza el segundo trofeo.
La segunda mitad del festejo comenzó con uno de los momentos más impactantes de la tarde. Guillermo Hermoso de Mendoza recibió al cuarto a portagayola, una declaración de intenciones que encendió los ánimos desde el primer instante. El navarro firmó una lidia de enorme riesgo, ejecutada con una precisión admirable y un aplomo impropio de su juventud. Pisó terrenos comprometidos con una seguridad asombrosa y mantuvo siempre el gobierno de la situación, componiendo una actuación rotunda que el palco premió con dos merecidas orejas.
Sebastián Fernández protagonizó una de las faenas más sacrificadas del festejo. También recibió a su oponente a portagayola, garrocha en mano, y desde ese mismo instante dejó patente su firme determinación. El quinto desarrolló una acusada querencia hacia las tablas, obligando al rejoneador a multiplicar esfuerzos para sujetar una embestida siempre condicionada por esa tendencia. Fernández no escatimó entrega ni recursos, imponiendo técnica, valor y capacidad de sacrificio para extraer cuanto tenía el astado. El público supo reconocer el enorme mérito de su actuación, que levantó a los tendidos y provocó una gran ovación. El fallo con el rejón de muerte impidió la concesión de trofeos, quedando como justo reconocimiento una calurosa ovación desde el tercio.
El broche lo puso Duarte Fernandes, que confirmó las magníficas sensaciones que viene despertando en cada comparecencia. El portugués afrontó un toro reservado y de escasas concesiones, circunstancia que lejos de limitarle sirvió para engrandecer su actuación. Tiró de elegancia, serenidad y recursos técnicos para dominar una lidia compleja, pisando terrenos de máxima exposición con una seguridad admirable. Su firmeza y capacidad para sobreponerse a las dificultades terminaron conquistando por completo a los aficionados, que premiaron su actuación con dos orejas y le acompañaron en la salida a hombros junto a Diego Ventura y Guillermo Hermoso de Mendoza.
La Merced despidió así una tarde de auténtico rejoneo, donde la emoción, el riesgo y la excelencia artística caminaron de la mano. Tres Puertas Grandes certificaron el rotundo éxito de un festejo que volvió a demostrar el extraordinario momento que atraviesa el toreo a caballo y que quedará como una de las grandes citas de la temporada en Huelva.

