El cierraplaza fue un ejemplar que fue de menos a más, aunque marcado por una incipiente mansedumbre que le hacía buscar las tablas al final de cada muletazo. Isaac Galvín con gran criterio lidiador, sacó al de González Conde a los medios para corregir su querencia. Fue en ese terreno donde brotó la mejor serie de la faena: una tanda sobre la mano derecha, templada y de largo trazo, en la que el novillero sometió la embestida con autoridad. El animal respondió con fondo y prontitud al mando de Galvín, permitiendo redondear una labor de mucho calado. Tras una estocada contraria y trasera el palco concedió los máximos trofeos.
Francisco Fernández conquista el triunfo cortando dos orejas al quinto
El quinto de la tarde fue un ejemplar que, tras un inicio esperanzador, fue acusando el desgaste y acortando su viaje conforme avanzaba la lidia. Ante esta condición, Francisco Fernández dio una gran dimensión a pesar de su bisoñez, mostrándose firme de plantas y muy inteligente a la hora de medir los terrenos. El de Los Barrios supo ver que el tesoro del animal estaba en el pitón izquierdo, y por ahí cimentó los momentos de mayor calado. Al natural llegó el culmen de la obra: pases de trazo largo y profundo, templando la embestida con la yema de los dedos y ofreciendo siempre el pecho. Hubo expresión y verdad en cada muletazo, conectando con fuerza con los tendidos al entregarse en la suerte. Tras un pinchazo en todo lo alto, enterró una estocada ligeramente trasera que fue suficiente para que el respetable solicitara, y el palco concediera, las dos orejas.
Víctor Barroso, toreo de seda ante la clase del cuarto
El cuarto de la tarde fue un ejemplar de excelente condición y clase suprema, aunque muy medido de fuerzas, lo que obligó a Víctor Barroso a desplegar su versión más sutil. El gaditano consintió al de González Conde desde el primer muletazo, aplicándole un «buen trato» basado en la suavidad y la ausencia total de tirones. Fue una labor de guante de seda, donde Barroso llevó la embestida con un pulso milimétrico, logrando que el animal humillara y sacara todo el fondo de nobleza que atesoraba. La faena fue un compendio de temple, ritmo y compás. Sin un solo enganchón, surgieron series de una limpieza absoluta, destacando unos pases de pecho que morían en la hombrera contraria. Al natural, el toreo alcanzó muletazos curvos, despaciosos y de mano baja, aprovechando la embestida al ralentí del astado. Tras una estocada algo trasera, el palco concedió las dos orejas que premiaban una obra de gran factura estética.
Isaac Galvín, debut de dos orejas ante la clase de un bravo ‘Arrojado’
El tercero de la tarde, de la ganadería de González Conde, fue el protagonista de un capítulo de alta nota. El astado, que ya despertó ilusiones metiendo la cara con clase en el capote de Isaac Galvín, acabó por romper en la muleta con una bravura incontestable. Fue un ejemplar de bandera: pronto en el cite, con una codicia desbordante y una humillación que permitía el toreo de mano baja. En el día de su debut con picadores, Galvín no se dejó nada en el tintero. El gaditano leyó bien las virtudes de su oponente, especialmente por el pitón derecho, por donde corrió la mano con mando y largura en series ligadas que calaron hondo. Aunque al natural el novillo planteó una mayor exigencia técnica y el trazo perdió algo de pulcritud, la entrega de Galvín fue el motor de una faena que fue a más. Quizá se echó en falta algo más de temple. Tras un epílogo por ajustadas manoletinas, enterró el acero en todo lo alto. El estoconazo fulminante desató la pañolada: dos orejas para el debutante y vuelta al ruedo para el bravo novillo.
Francisco Fernández, firmeza y oficio ante la áspera condición del segundo
El segundo de la tarde no puso las cosas fáciles, desarrollando una aspereza que exigió el máximo de Francisco Fernández. El de González Conde embistió con brusquedad, soltando la cara y midiendo mucho al novillero, quien estuvo muy digno y firme durante toda la lidia. La clave de la faena residió en la capacidad de Fernández para evitar que el animal enganchara la tela, una tarea compleja dada la falta de entrega del astado. A medida que avanzaba el trasteo, el novillo acusó su falta de raza, aquerenciándose y negándose a pasar en cada serie. Sin alharacas y con mucha cabeza, el novillero supo solventar las dificultades con inteligencia lidiadora. Sin embargo, pecó de alargar en exceso la faena; el animal se echó acusando su poca raza, imposibilitando ejecutar la suerte suprema.
Víctor Barroso, temple y mando para abrir boca con una oreja
Víctor Barroso saludó al abreplaza con un ramillete de verónicas mecidas y muy templadas, aprovechando el celo inicial de un novillo que repetía con fijeza. Tras un paso discreto por el caballo, el gaditano firmó un vistoso quite por chicuelinas de mano baja. Con la franela, Barroso apostó fuerte iniciando la faena de hinojos en los medios, templando en redondo las prontas embestidas de un astado que se desplazaba. La faena mantuvo el tono con derechazos de largo trazo y suma limpieza, donde la ligazón fue la nota predominante ante un animal que pedía distancia. Al natural, el utrero mostró mayores complicaciones, soltando la cara. Con inteligencia, Barroso acortó las distancias cuando el novillo empezó a apagarse, cerrando en terrenos de cercanías con circulares invertidos y epilogando con unas ajustadas manoletinas. Tras un pinchazo, recetó una estocada certera que le sirvió para pasear el primer trofeo de la tarde.
FICHA DEL FESTEJO:
Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Tercera clasificatoria del Circuito de Novilladas de Andalucía 2026. Novillos de Luis González Conde para:
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Víctor Barroso: oreja y dos orejas.
Francisco Fernández: ovación y dos orejas.
Isaac Galvín, que debuta con picadores: dos orejas y dos orejas y rabo.

