La Hípica Zahorí es un recinto digno de contemplar. Allí nos juntamos con el ganadero Enrique Domínguez, Eduardo Carcar, Juan Fromknetcht y familia… Junto quienes iban a torear paseamos por la magnífica exposición de carruajes, los picaderos, cuadras, el amplio muestrario de fauna… Prometo otro día escribir de estas instalaciones, porque se pueden y se deben visitar.
Ya en la plaza, con Juan Carlos Ruiz como subalterno de lujo, se dispusieron el matador Francisco Marco y el novillero Pablo Hernández. Soplaba viento y el ruedo presentaba el aspecto propio tras los aguaceros; no importó.
La jabonera que abrió plaza enseguida mostró su buena condición. Y el diestro estellés de salida enseñó que quien tuvo, retuvo; los demás no le notamos el retiro. Tras bordarlo con el capote, igual que Pablo
Hernández en el quite, ¡madre mía lo que vino después! Francisco toreo con poso, hondura, suerte cargada, acompañando con todo el cuerpo… Hubo aroma de Sevilla. La vaca tenía fijeza, humillaba, repetía, era brava y noble… Pues bien, ¿conocen todos los pases existentes? Pues todos y varias veces ejecutó Marco. Aun la becerra siguió sin abrir la boca cuando un sonriente Marco la cedió a Pablo Hernández.
El buen ganado pone en evidencia a los malos toreros, porque hay que estar a la altura. Y vaya si Pablo lo estuvo. Los toreros disfrutaron nos hicieron disfrutar. Y, aprobada para madre, a la becerra se le impuso allí mismo el cencerro que en Zahorí acredita su estatus.
La burraca fue algo peor; o menos buena, como quieran. También es verdad que la comparación no se lo ponía fácil. Y, ojo, con viento descubriendo al torero y la muleta flameando una novilla tiende colarse más. Sin embargo, Pablo pudo entrenar, que de todo salta a la arena, y torear con ese buen concepto; con ese querer hacer las cosas bien. Es una gozada ver con los trastos a Pablo. Hay diestro, síganlo.
Se sucedieron veronicas, chicuelinas y tafalleras, saltilleras y airosas revoleras. Con la muleta, tanto por la derecha y como al natural le ligó estupendas series. Pablo cerró su actuación con unos pases rodilla en tierra. Y salió a caballo la pequeña de la casa. India, precoz jinete, quien ya había galopado ante la anterior becerra. En fin, la res no quería irse de ruedo, de rajada, nada, e incluso retornó a él desde la manga.
Toda tanda debe concluirse con digno remate. Y el de pecho fue de cabeza a rabo. La cabeza, las bien nutridas parrillas sobre las brasas; el rabo, la grata tertulia dando cuenta de su contenido en el comedor de la finca: los propietarios, Javier y Beatriz, te hacen sentir en casa.
Junto con ellos todos departimos largo y tendido. Un domingo maravilloso en Hípica Zahorí.
Jesús Javier Corpas Mauleón

